No perdamos la inocencia que nos permite redescubrir el mundo todos los días
Por: Rocío Lazo
El arquitecto Miguel Sagastume, uno de los socios fundadores del estudio Garabato, se propuso la misión de integrar elementos culturales en los diseños modernos y así, recuperar las raíces guatemaltecas para construir un lenguaje arquitectónico que sea auténtico y representativo del país.
Miguel Sagastume es discreto y amable, y es que el impacto de su firma Garabato en el escenario arquitectónico, habla por sí solo. Nos reunimos con él para que nos contara un poco más sobre su historia personal y de su forma de acercarse al diseño innovador que lo caracteriza.
Crees que con el paso de los años la arquitectura ha perdido la esencia creativa?
Por mucho tiempo se priorizó el proceso de construcción, por sobre el diseño. La pandemia nos hizo recuperar ese ímpetu por crear, replantear el presente, buscar nuevos matices, técnicas y explorar elementos intangibles que pudiesen enriquecer el diseño de un espacio. Tuvimos una generación dorada de arquitectos, escultores y pintores de la época moderna, como Carlos Mérida y González Goyri; y creo que en algún momento de la historia se dio una ruptura que no nos permitió tomar el arte y el concepto arquitectónico, que ellos nos ofrecían, como las bases para lo que estamos haciendo en el presente.
Imagino que devolver esa identidad implica una gran responsabilidad.
Creo que la clave está en formar correctamente a las nuevas generaciones y replantear los procesos creativos del diseño, tomando en cuenta a quienes construyeron esos cimientos y rindiendo honor a su legado, a través de nuestro trabajo.
Yo soy catedrático y he intentado, desde ese espacio, encontrar la oportunidad para que los jóvenes puedan volver a las raíces y explorar el origen, para crear diseños que realmente hablen de lo que somos y nos representa como guatemaltecos.
¿Cómo podríamos alcanzar ese objetivo?
Priorizando los procesos artesanales y buscando soluciones que permitan a las personas identificar que algo tan sencillo, como una silla o una mesa, representan a Guatemala. Tenemos una rica historia arquitectónica que combina influencias precolombinas, coloniales, modernas y contemporáneas, pero muchas obras parecen alejarse de esas raíces tradicionales, adoptando estilos internacionales o tendencias globalizadas que no necesariamente reflejan la identidad local. En nuestra oficina tenemos la clara intención de transformar esta realidad.
¿La tecnología y herramientas actuales serían una amenaza entonces?
¡Para nada! La tecnología debe ser una aliada, no una sustituta. De hecho, gran parte de mi proceso creativo está apoyado por inteligencia artificial y visualización del espacio por medio de realidad virtual para poder ponerme en el papel del cliente o visitante del espacio y rediseñar o definir detalles de mejor manera. Cuando la tecnología se utiliza para alimentar un proceso creativo, en lugar de pedirle que produzca el resultado final de un diseño por nosotros, allí está el verdadero valor. Muchos van a evolucionar bien y otros van a ser víctimas de la evolución y van a dejar de humanizar sus procesos.
Hablemos un poco más de ti, ¿qué es lo que más disfrutas de diseñar?
¡Saber que el espacio que estoy diseñando, se va a convertir en el recuerdo de alguien. Cuando estoy creando, me gusta pensar en las diferentes fases en que una persona va a descubrir un espacio, pues dentro de un macro hay una relación micro de áreas y para cada quien, la experiencia y el significado va a ser diferente, y ese es justamente el objetivo.
¿Cómo definirías tu estilo?
Creo que más que de estilos, soy de creatividad. Cuando era niño, nunca me limitaron en casa. Yo tengo un trastorno de Déficit de Atención (TDA) e hiperactividad y nunca me medicaron, gracias a Dios, porque eso hubiera robado por completo mi esencia creativa, que es mi arma más poderosa. Recuerdo cómo de niño comenzaba una tarea, la dejaba a medias y terminaba haciendo otra cosa porque se me ocurría una idea genial.
Ya que vemos hacia atrás, ¿cómo comenzaste tu carrera?
Me gradué de la Universidad Rafael Landívar y luego estudié en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá y Panamá. Tenía 23 años cuando decidí fundar Garabato Arquitectura junto a mi socio, Erick, empezamos haciendo restaurantes y en esos primeros 3 años, admito que no nos fue muy bien.
¡Contadas las ganancias!
Sí, de hecho, otro socio con el que iniciamos decidió retirarse de la jugada porque pasamos en números rojos mucho tiempo, pero imagínate que no le hubiéramos tenido fe a nuestro proyecto. En la actualidad, hemos diseñado ya más de 300 proyectos y trabajamos en Guatemala, México, El Salvador, Alemania, Paraguay y Honduras. que no nos fue muy bien.
Con ese recorrido, imagino que tendrás muchos recuerdos que contarnos…
Sí, son muchos, pero uno que me marcó fue justo cuando nos conocimos con Erick. Recuerdo que fui a la universidad fuera de fechas por una retrasada, pues como ya te conté, no era el estudiante con las mejores calificaciones. Recuerdo que nos tocó hacer equipo para diseñar un teatro al aire libre, ambos estábamos en primer año. Se nos ocurrió hacer una estructura con pétalos de rosa, fue un éxito rotundo, tanto así, que les ganamos el proyecto a los de quinto año.
La sinergia estuvo desde el principio entonces
Y eso es lo que nos ha enriquecido, ambos somos muy diferentes y nos involucramos en los procesos creativos. Diseñamos, construimos, tenemos una línea de nuevos negocios, eso sí, ¡yo no me hago cargo de lo administrativo! (ríe).
¿Hay alguien que te inspire?
Tengo una hija de 3 años y 8 meses, veo mi reflejo en ella. Le encanta jugar legos, crear, construir, diseñar. Con ella me doy cuenta de que la única forma de evolucionar responsablemente es no perder la inocencia de nuestra niñez, cuestionarnos todo y detectar aquellas cosas que nos permitan redescubrir el mundo todos los días.
¿Cómo ha influido esto en tu proceso creativo?
Ahora que vivo esta fase de cuestionarme nuevamente las cosas, desde la perspectiva de la inocencia, me he divorciado de todo tipo de rutina. En el ejercicio de detectar y traducir las necesidades del cliente, me gusta mantener un espíritu lúdico muy vivo, tomar las cosas de forma divertida y ver diferentes perspectivas y maneras de expresar el espacio que esté diseñando.
Esta visión ha permitido que mi proceso creativo cuente con todas las herramientas para poder traducir nuestra herencia cultural a lenguajes y posibilidades arquitectónicas, y de diseño de interiores actuales distintas, con una perspectiva hacia el futuro y una interpretación única.
Imagino esto tiene un impacto en la forma de trabajar en Garabato.
Totalmente! Y aprovecho para aclarar que no es un trabajo solo mío, sino de varios actores que toman un papel importante en el proceso creativo. Como diseñadores, no nos interesa tener un sello personal por aspectos físicos, pues todos los proyectos tienen diferentes presupuestos, geografías e intereses. Nuestra intención está más dirigida a crear espacios que cuenten una historia y tengan una expresión artesanal importante. El verdadero valor de un proyecto es que tenga una narrativa.
Ya con eso en mente, ¿cuál es tu misión?
Como diseñador, es una tarea titánica: lograr que cualquier persona extranjera, cuando vea los proyectos que diseñamos con Erick y que elaboran los increíbles artesanos de nuestro país, diga, ¡esto es Guatemala!
A nivel personal, que mi hija pueda descubrir el mundo de la forma en que a mí me permitieron descubrirlo, sin límites y siempre abierta a explorar y maravillarse por lo que le rodea, pues eso puede ser el inicio de una experiencia fuera de serie.
¿Cómo te ves en el futuro?
Me sigo descubriendo, pero en ese proceso, quiero mantenerme actualizado y ofrecer a quienes confían en mí, una mente de vanguardia. También me gustaría explorar espacios de responsabilidad social de diseño y dejar huellas con un proceso creativo que solucione una problemática del país







